Toda persona tiene un status social, que construye y ofrece al público, haciendo uso de él como regocijo personal y ajeno... el problema para el artista es cuando aparece un coleccionista que cree poder ver lo que hay dentro de dicho status, de destruirlo para recrearlo, para observar y probar tan solo una ínfima gota del verdadero ser, prueba que lo llevara al peldaño final del paraíso, de la gloria, del elixir codiciado y prohibido... la prueba de la primicia que por ser así es simplemente invaluable.
Entonces es cuando en un pequeño e insignificante espacio del universo ocurre un cambio, un hecho que transforma dos seres, y reinventa uno nuevo sin eliminar los otros dos, pero sin devaluarlos ni juntarlos...
Es cuando nace un pequeño insecto, un plaga silenciosa, un recuerdo en el universo que recuerda y planta la esperanza de lo mejor, lo sublime, el nirvana, el AMOR... esa palabra destructiva que acerca al hombre a la destrucción, al sufrimiento, el dolor, el placer, lo real e imaginario combinado en uno solo que es casi imperceptible la diferencia de estos, se vive un mundo paralelo en el que solo son 2 los anfitriones, pero muchos, millones los invitados, los pasajeros, los observadores, que pasar y se contagian, que sienten envidia, alegría ajena y pena predicha.
Aún y con todo esto, teniendo presente el final cercano pero lejano, la esperanza hace de lo suyo y así, lenta y firmemente, asesina poco a poco con cada sorbo embriagante de placer, dos almas, dos mundos, un mundo único y sin igual, para tras un gran periodo de lastimeros cantos y mortificantes actuaciones, renacer y resurgir un alma vieja pero rejuvenecida con la gran y dolorosa marca de la experiencia, que acerca y roza la sabiduría.
Entonces es cuando en un pequeño e insignificante espacio del universo ocurre un cambio, un hecho que transforma dos seres, y reinventa uno nuevo sin eliminar los otros dos, pero sin devaluarlos ni juntarlos...
Es cuando nace un pequeño insecto, un plaga silenciosa, un recuerdo en el universo que recuerda y planta la esperanza de lo mejor, lo sublime, el nirvana, el AMOR... esa palabra destructiva que acerca al hombre a la destrucción, al sufrimiento, el dolor, el placer, lo real e imaginario combinado en uno solo que es casi imperceptible la diferencia de estos, se vive un mundo paralelo en el que solo son 2 los anfitriones, pero muchos, millones los invitados, los pasajeros, los observadores, que pasar y se contagian, que sienten envidia, alegría ajena y pena predicha.
Aún y con todo esto, teniendo presente el final cercano pero lejano, la esperanza hace de lo suyo y así, lenta y firmemente, asesina poco a poco con cada sorbo embriagante de placer, dos almas, dos mundos, un mundo único y sin igual, para tras un gran periodo de lastimeros cantos y mortificantes actuaciones, renacer y resurgir un alma vieja pero rejuvenecida con la gran y dolorosa marca de la experiencia, que acerca y roza la sabiduría.