lunes, 30 de mayo de 2011

Él mismo había escrito


Nunca imagine que fuera tan dulce, a pesar de lo que dicen, me siento tan tranquilo y liviano que volvería a hacerlo. Aunque antes había imaginado cosas similares con todos aquellos quienes me han permitido saber cuan perverso puedo ser, pero era solo eso, imaginación, fantasía, nunca me había atrevido a volverlo real. Había tenido muchas ideas, todas igual de despiadadas y sangrientas, la que ejecute no era tan sangrienta, pero era la mas dolorosa, lenta y desquiciante, por eso sobresalió sobre las demás y la escogí.
El verlo luchando por soltarse, por no verlas, ni olerlas, ni tocarlas; solo con saber que estaban allí, a su lado, tal y como las dejó (esta bien, un poco restauradas) le alimentaban la idea y las ganas de escapar. Mi angelito a su derecha, con todas sus piezas unidas por un grueso hilo color blanco que contrastaba poéticamente con oscura piel, el hilo tenia porciones con manchas cafés, de ese café de sangre vieja y seca; con un hermoso vestido del mismo color, con arandelas y mangas tipo muñeca- mmm…- era el mismo vestido que usaba su hija- shhh!! Tranquila, no desesperes que ella esta bien, solo lo robe- ¡Claro! Tenía que ser el mismo, precisamente llevaba bordado su nombre y una inscripción que él mismo había escrito; la misma razón por la que le saco los ojos y el corazón a aquel querubín, aun teniéndolos nunca fueron de él. Al otro lado, la reina, la mas bella criatura que haya conocido, con grandes y sensuales ojos miel, imponentes pestañas negras como el ónix; y sus labios finos pero carnosos que enloquecían a cualquiera (en especial a mi); se veía tan bella con ese vestido rojo carmín que exponía las gracias de la raza negra (combinados perfectamente, como solo ella lo hacía, con sus tacones favoritos) y los mismos tacones que llevaba puestos ese día, aunque se acercaba el invierno no sentía frio (NUNCA MÁS). Con sus abiertos y en expresión de suplica y dolor, desespero, lo miraba fijamente (por mas que quisiera no podía cambiar de objetivo), con sus pechos al descubierto (sus hermosos y redondeos pechos, ¡como los extraño!). Los brazos de ambas abrazaban el cuerpo de él, desnudo estaba su torso, aunque no lo aceptara, le ayudaban para no congelarse, por lo menos no tan rápido. Los primeros 35 días fueron suficientes para ver como su rostro, expresión y actitud cambiaban a medida que escuchaba las dulces carcajadas del ángel y la sutil voz de la reina (estaban grabadas en un casete que sonaba día y noche) día tras día, al principio reía, intentando mortificarme a mi, recordándome lo que les había hecho y como lo había disfrutado; pero no se daba cuenta que esa era la idea, que las recordara una y otra vez, y así poco a poco se le fue grabando hasta tal punto que ocupaba la mayoría de sus pensamientos, incluso en el tiempo que el cansancio podía mas que la razón y el frio. Al final, de ver y entender lo apacibles y tiernas que eran ellas, al tiempo que recordaba cada ínfimo instante que transcurrió ese día, y empezaba a lamentar lo hecho, pues aun siendo incomodo e inevitable, comparaba aquellos personajes con su esposa e hija y así, POR FIN, empezó a enloquecer. Esto comenzó a aburrirme, pues era lo que había estado esperando, era tan predecibles sus acciones en este momento que la diversión y expectativa fueron agotándose, entonces opte por empezar a hacer lo que le había hecho al angelito, así que con el taladro en mis manos, comencé a perforar sus extremidades, siguiendo con el abdomen y lengua; lo intente, LO JURO, pero no pude evitar satisfacción al hacerlo, más sabiendo que el pobre ángel tuvo que sufrir lo mismo; y ver como gritaba, como rogaba y la cara de dolor, angustia y miedo lo poseía (ahora semejante a la mirada de la reina). Cuando termine con el 504° agujero detuve la herramienta y continúe con la sierra, me incline por la sierra manual, pues de otro modo la eléctrica le hubiera quitado parte esencial al drama. Trace líneas horizontales en la base de los brazos, piernas y una cruz en medio del pecho para luego seguirlos con la sierra. Una vez llegue cerca al hueso descanse un poco – no creerás que corte todo esta el mismo día, ¡NO! (¿donde hubiera quedado el suspenso en aquel hombre?); fui cortando de a centímetro y medio por día, por supuesto al 10° día desespere y decidí acabar de una vez con esto, pues al reflexionar me di cuenta que le había prolongado mucho la vida al pobre infeliz. Finalmente lo calvie, maquille y perfume (tal y como lo hizo con mi reina), lo viole, una, dos, mil veces, y otra más hasta que en el 5° día le arrebate finalmente la vida al abrirle el pecho y sacarle el corazón (que a diferencia de él no me lo comí) y se lo di al perro de la carnicería que vagaba en las noches por el pueblo; lo desmembré y deseche en las afueras, junto con las gallinas muertas asechadas por los chulos. Después del primer mes, nadie lo hecho de menos; de todas formas resolví unirme al ahora angelito alado y a la reina, pues después de vengarlas no tenia mas que hacer en este planeta, por eso salte finalmente al Kunkaira. Y así me encontré con ellas en el Tartum médium, cumpliendo la inscripción del vestido: “La niña de mis ojos y la mujer de mi corazón” como él mismo había escrito.