viernes, 10 de junio de 2011

Increíblemente absurdo resultan los errores que comete la inconsciencia, increíblemente aterradora es la traición que se comete contra uno mismo cuando no lo es, cuando todo rastro de razón y pienso desaparece, y deja a la bestia, al depredador que se lleva dentro libre... errores que hieren en lo profundo del alma, que hieren sin compasión el espíritu y hecha a descomponer relaciones y sentimientos de quienes realmente importan en la vida... haciendo que estos cambien de concepción de ti, que cambien sin siquiera comprender o tratar de entender el porque de tus acciones, que dan pie al prejuicio y aun queriéndote (al menos eso crees tú) no se atreven a preguntar que pasó, que piensas o como te sientes.

Esto solo confirma lo asquerosa y repugnante que puede llegar a ser la vida, lo mortal y dolorosamente lenta que puede llegar a ser tu razón, lo hipócritas y traicioneros que serán tus sentimientos y ahí, solo ahí deseas no ser tú, no existir, no sentir ni pensar, ahí desearías con tu propia alma expuesta al rojo vivo del fierro del sufrimiento, que seas un vegetal, una cosa sin razón, un muerto en vida, aunque lo último no es necesario desearlo, porque ya lo eres.