Es difícil soportar aquella mirada compasiva e interesada que, en los momentos que estas a punto de estallar, te habla y te pide, muy silenciosamente, que cuentes, que te desahogues, que explotes, que dejes saber que te pasa, que sientes, como te sientes, que te presiona... sin entender, sin imaginar siquiera que el mantener a la bestia encerrada es lo mejor para tí, lo mejor para tu interior, que el hecho de que escape así sea por unos instantes es de las peores heridas que recibe tu alma, tu espíritu, que esa bestia solo rasguña y hace miseria lo que te mantiene con vida, pero que no es físico... no alcanzan a comprender que esa criatura es algo imposible de suprimir, imposible de olvidar e imposible de superar y por eso, solo se puede calmar el espíritu volviéndola a encerrar.